Nosotras

DeChávarri, el sueño de dos hermanas que caminan juntas en la distancia

Separadas por proyectos de vida muy distintos, por ciudades diferentes, por carreras y profesiones opuestas y por temperamentos antagónicos, están unidas por un sueño que representa los valores de su pequeña familia, junto a sus padres.

Curra &
Cristina

Quienes somos

Curra, carácter científico y emprendedor Cristina, espíritu empresario y soñador

Durante estos 25 años de vida profesional en el ámbito de la medicina, Curra, médico de familia y anestesista, ha desarrollado su actividad en el campo de la anestesiología y reanimación, en diferentes especialidades, pero con extensa experiencia en el mundo de la cirugía plástica, estética y reparadora.

Así, ha podido conocer a multitud de mujeres de toda condición, profesionales, madres, hijas, hermanas, amigas… Llegando a establecer un vínculo muy estrecho con todas ellas en la consulta de anestesia, momento en el que salen a la luz muchas de sus inseguridades y temores pero también sus ilusiones y anhelos y no solo en el plano estrictamente médico, también en su lado más humano. Mujeres que finalmente depositan toda su confianza dejando su vida en tus manos el día de la cirugía.

Junto a su actividad médica en España, compatibiliza desde 2018, viajes anuales a Camerún con la organización “Cirujanos Ortopédicos Españoles para el Mundo” organización que desarrolla una ingente labor médico quirúrgica, formativa y humana. Ella diría que aparte de realizar allí su trabajo como anestesista, fundamentalmente aprende de las gentes de aquel lugar, los entresijos más profundos y reveladores de la condición humana. Organización con la que pretende colaborar con su nuevo proyecto de accesorios para mujer De Chávarri.

Curra

Socia fundadora y CEO

Cristina

Socia fundadora y CEO

Cristina es licenciada en ciencias económicas, y experta en gestión de calidad, concepto que implementa en todos sus proyectos empresariales. Tras trabajar como responsable de selección y jefa de recursos humanos en grandes empresas, dedicó sus esfuerzos a la gestión y la dirección de su propia empresa, que contaba con negocios de moda infantil, trabajadora incansable, cercana a la gente.

Imprime talento y determinación, en una asombrosa mezcla de firme carácter y exquisitez en todo lo que hace.

Cristina además de aportar su experiencia en el mundo de la calidad y la gestión empresarial y de estar vinculada al mundo de la moda infantil, aporta a la marca su personal estilo y elegancia, que no dejan a nadie indiferente.

Nuestra filosofía

Soñar para volar

DeChávarri auna el carácter y la filosofía de sus creadoras: la elegancia innata de Cristina, sencilla y armónica con un punto roquero y transgresor, junto al impulso creativo y valiente de Curra.

DeChávarri es un pequeño fragmento del universo de la mujer, un lugar donde todas tenemos cabida plenamente, no bajo un feminismo en ocasiones irracional, sino simplemente siendo, existiendo y respirando, en este camino de la vida que tanto nos hace tropezar pero tanto nos enseña.

Aprendemos que el mayor tesoro del ser humano es la libertad. Que el mayor y más grande tesoro y anhelo de una mujer es la libertad. Libertad para existir y respirar, para crear. Porque crear es amar la libertad para decidir nuestro propio destino y para ello, hay un único camino: el del trabajo, el trabajo digno.

Quisimos plasmar esta idea en un objeto. Y qué mejor que un maletín de trabajo para introducir nuestra vida entera en él y salir a diario a luchar por nuestros deseos, trabajar en aras del bienestar de los nuestros, de nuestros hijos, de nuestras familias. Se nos dice que las mujeres somos cuidadoras y es cierto. Cuidadoras del mundo.

El maletín de trabajo, símbolo de nuestra libertad, nos parecía algo arcaico, aburrido y masculino. Así que, como a lo último a lo que renuncia la mujer DeChávarri es a su esencia de mujer, decidimos adaptar el concepto maletín al de un bolso ciertamente femenino y elegante, con la practicidad y la finalidad del maletín.

Y así, decidimos crear nuestro bolso-maletín para desplegar nuestras alas y volar, volar hasta donde la corriente de aire nos quiera llevar. Y si tras una tormenta se rompen nuestras alas, encontrar la manera de seguir volando, aunque sea soñando.

Inspiración

Contada por Curra

«Se nos dijo que las mujeres no podíamos volar, pero ahí estaba aquella escultura demostrando que sí, que las mujeres tenemos alas, y que podemos volar» Curra Chávarri


Tendríamos Cris y yo veintitantos años cuando hicimos un precioso viaje que nos sitúa en Paris, estrenándose los años 90. Un viaje inolvidable, por encontrarnos en uno de los entornos más mágicos del planeta, por la ilusión que nos transmitían nuestros padres y por el asombro incontenible que te da el estar por primera vez en una ciudad como Paris, a esa edad en la que soñar es casi respirar.

Aquella mañana organizamos una visita al magnífico museo “el Louvre”, con esa excitación respetuosa que te da el estar en un santuario de la historia, la belleza y la grandeza del hombre. Una vez allí, comenzamos a subir la monumental escalinata Daru, conforme ascendíamos comenzó a aparecer ante nosotros la Diosa de la Victoria, una imponente escultura griega de mármol de 2,75 metros de alto.

Aquella escultura fue apareciendo ante mi como una revelación mística, tuve que contener la respiración… Vi en cálido mármol la representación de una mujer dando un paso al frente con abrumadora firmeza y determinación, en actitud valiente y desafiante ante la vida, de una fuerza titánica, pero también de una sensualidad sin igual, increíblemente delicada y armoniosa, con el vientre representando el centro de todo su universo. Una mujer sin rostro, representando a todas las mujeres desde el comienzo de los tiempos. Vi en su imponente soledad, sus alas abiertas, deslumbrantes, en actitud de victoria, pero también de libertad.

Treinta años después quizá haya olvidado algunos de los detalles entorno a la propia escultura, pero lo que pervive en mi con total nitidez son las sensaciones y las emociones que me produjo la visión de aquella escultura.

Intuí que la vida sería como subir aquella escalinata: no sería fácil, incluso caería en no pocas ocasiones. Pero como aquella escultura, majestuosa representación de la mujer, tendría que levantarme una y otra vez. Me vi en ella, y vi a todas las mujeres del mundo. Se nos dijo que las mujeres no podíamos volar, pero ahí estaba ella, demostrando que sí, que las mujeres tenemos alas, y que podemos volar.

Supe que aquella visión me acompañaría el resto de mi vida y que toda mujer puede ser su propia victoria alada majestuosa al final de una escalinata, poderosa en su soledad, imponente en su sensualidad, victoriosa en su libertad.

DeChávarri, solidario

El principio de todo

«Sabía que tenía que darle más que un proyecto, más que un bolso hecho en papel, más que números y un listado d ideas»

En una conversación con la dueña y directora de la fábrica de nuestros bolsos, esta maravillosa mujer me dijo: “he llamado a tu colección la colección pandemia, pues ha nacido en plena pandemia del Covid-19”. Recuerdo un precioso viaje a Ubrique para conocer a esta mujer, la única persona que quiso recibirme con un proyecto pequeño en medio de un mundo de gigantes: el de la fabricación de bolsos de piel en España. Nada hacía presagiar que alguien quisiera recibir a una persona totalmente ajena al mundo de la moda y los complementos. Nadie, excepto ella, me abrió sus puertas. Cuando nos sentamos a hablar, me dijo: “hazme creer en tu proyecto”.

Inmediatamente supe el tipo de mujer que era: decidida y muy comprometida, de esas personas que le pone corazón a todos sus trabajos, alguien con la valentía de implicarse en un pequeño proyecto humilde en su concepción pero un proyecto con alma al fin y al cabo.

Sabía que tenía que darle más que un proyecto, más que un bolso hecho en papel, más que números y un listado de ideas. Sabía que tenía que conquistar su alma de mujer. Y no fue difícil, pues la conexión entre ambas fue casi inmediata: las dos sabemos lo que nos conmueve y por lo que merece la pena luchar.

Curra Chávarri de misión en Camerún junto a la asociación COEM

Si, yo le daría un sentido al proyecto y ella le pondría alma a los bolsos

Le hablé de un pequeño proyecto con el que contribuir con una increíble organización con la que viajo a Camerún a tratar de aportar algo en un mundo tan desigual, tan injusto, tan devastador con tantos inocentes. Le conté el proyecto, no sólo de contribuir económicamente, también con la idea inicial de, entre jornadas quirúrgicas, acudir a los mercados donde venden sus coloridas telas y traer algo de allí para tener presentes a sus gentes cuando volviéramos de regreso al primer mundo, fomentar aunque humildemente el mercado interno de allí y usar las telas como complementos de nuestros bolsos.

Como médico anestesista viví los peores momentos de la pandemia en primera línea. Hablando con esa mujer con la que meses antes habíamos compartido la idea de proyectos e ilusiones de un mundo mejor, nos encontrábamos de repente al teléfono contándonos; yo, los horrores de aquellos días en el hospital y ella, las inmensas dificultades que vivían en su fábrica. Nuestro proyecto quedó relegado en algún rincón recóndito de nuestras cabezas, y de la fábrica que luchaba por salir adelante en medio del caos. Sin embargo, no murió. Y se fue gestando en forma de ilusión: la ilusión de recuperar la salud del mundo y la esperanza en que al final, la vida prevalecería.

Foto por Curra Chávarri,
Camerún año 2018

DeChávarri colabora con la asociación Cirujanos ortopédicos de España para el Mundo

 

 

 

 

Donaciones con Bizum:

Código ONG 04088 coem.ong

DeChávarri, el sueño de dos hermanas que caminan juntas en la distancia

Separadas por proyectos de vida muy distintos, por ciudades diferentes, por carreras y profesiones opuestas y por temperamentos antagónicos, están unidas por un sueño que representa los valores de su pequeña familia, junto a sus padres.

Curra & Cristina

Quienes somos

Curra, carácter científico y emprendedor
Cristina, espíritu empresario y soñador

Curra
Socia fundadora y CEO

Durante estos 25 años de vida profesional en el ámbito de la medicina, Curra, médico de familia y anestesista, ha desarrollado su actividad en el campo de la anestesiología y reanimación, en diferentes especialidades, pero con extensa experiencia en el mundo de la cirugía plástica, estética y reparadora.

Así, ha podido conocer a multitud de mujeres de toda condición, profesionales, madres, hijas, hermanas, amigas… Llegando a establecer un vínculo muy estrecho con todas ellas en la consulta de anestesia, momento en el que salen a la luz muchas de sus inseguridades y temores pero también sus ilusiones y anhelos y no solo en el plano estrictamente médico, también en su lado más humano. Mujeres que finalmente depositan toda su confianza dejando su vida en tus manos el día de la cirugía.

Junto a su actividad médica en España, compatibiliza desde 2018, viajes anuales a Camerún con la organización “Cirujanos Ortopédicos Españoles para el Mundo” organización que desarrolla una ingente labor médico quirúrgica, formativa y humana. Ella diría que aparte de realizar allí su trabajo como anestesista, fundamentalmente aprende de las gentes de aquel lugar, los entresijos más profundos y reveladores de la condición humana. Organización con la que pretende colaborar con su nuevo proyecto de accesorios para mujer De Chávarri.

Cristina
Socia fundadora y CEO

Cristina es licenciada en ciencias económicas, y experta en gestión de calidad, concepto que implementa en todos sus proyectos empresariales. Tras trabajar como responsable de selección y jefa de recursos humanos en grandes empresas, dedicó sus esfuerzos a la gestión y la dirección de su propia empresa, que contaba con negocios de moda infantil, trabajadora incansable, cercana a la gente.

Imprime talento y determinación, en una asombrosa mezcla de firme carácter y exquisitez en todo lo que hace.

Cristina además de aportar su experiencia en el mundo de la calidad y la gestión empresarial y de estar vinculada al mundo de la moda infantil, aporta a la marca su personal estilo y elegancia, que no dejan a nadie indiferente.

Nuestra filosofía

Soñar para volar

DeChávarri auna el carácter y la filosofía de sus creadoras: la elegancia innata de Cristina, sencilla y armónica con un punto roquero y transgresor, junto al impulso creativo y valiente de Curra.

DeChávarri es un pequeño fragmento del universo de la mujer, un lugar donde todas tenemos cabida plenamente, no bajo un feminismo en ocasiones irracional, sino simplemente siendo, existiendo y respirando, en este camino de la vida que tanto nos hace tropezar pero tanto nos enseña.

Aprendemos que el mayor tesoro del ser humano es la libertad. Que el mayor y más grande tesoro y anhelo de una mujer es la libertad. Libertad para existir y respirar, para crear. Porque crear es amar la libertad para decidir nuestro propio destino y para ello, hay un único camino: el del trabajo, el trabajo digno.

Quisimos plasmar esta idea en un objeto. Y qué mejor que un maletín de trabajo para introducir nuestra vida entera en él y salir a diario a luchar por nuestros deseos, trabajar en aras del bienestar de los nuestros, de nuestros hijos, de nuestras familias. Se nos dice que las mujeres somos cuidadoras y es cierto. Cuidadoras del mundo.

El maletín de trabajo, símbolo de nuestra libertad, nos parecía algo arcaico, aburrido y masculino. Así que, como a lo último a lo que renuncia la mujer DeChávarri es a su esencia de mujer, decidimos adaptar el concepto maletín al de un bolso ciertamente femenino y elegante, con la practicidad y la finalidad del maletín.

Y así, decidimos crear nuestro bolso-maletín para desplegar nuestras alas y volar, volar hasta donde la corriente de aire nos quiera llevar. Y si tras una tormenta se rompen nuestras alas, encontrar la manera de seguir volando, aunque sea soñando.

Inspiración

Contada por Curra

Se nos dijo que las mujeres no podíamos volar, pero ahí estaba aquella escultura demostrando que sí, que las mujeres tenemos alas, y que podemos volar»
Curra Chávarri

victoria alada _nosotras_1

Tendríamos Cris y yo veintitantos años cuando hicimos un precioso viaje que nos sitúa en Paris, estrenándose los años 90. Un viaje inolvidable, por encontrarnos en uno de los entornos más mágicos del planeta, por la ilusión que nos transmitían nuestros padres y por el asombro incontenible que te da el estar por primera vez en una ciudad como Paris, a esa edad en la que soñar es casi respirar.

Aquella mañana organizamos una visita al magnífico museo “el Louvre”, con esa excitación respetuosa que te da el estar en un santuario de la historia, la belleza y la grandeza del hombre. Una vez allí, comenzamos a subir la monumental escalinata Daru, conforme ascendíamos comenzó a aparecer ante nosotros la Diosa de la Victoria, una imponente escultura griega de mármol de 2,75 metros de alto.

Aquella escultura fue apareciendo ante mi como una revelación mística, tuve que contener la respiración… Vi en cálido mármol la representación de una mujer dando un paso al frente con abrumadora firmeza y determinación, en actitud valiente y desafiante ante la vida, de una fuerza titánica, pero también de una sensualidad sin igual, increíblemente delicada y armoniosa, con el vientre representando el centro de todo su universo. Una mujer sin rostro, representando a todas las mujeres desde el comienzo de los tiempos. Vi en su imponente soledad, sus alas abiertas, deslumbrantes, en actitud de victoria, pero también de libertad.

Treinta años después quizá haya olvidado algunos de los detalles entorno a la propia escultura, pero lo que pervive en mi con total nitidez son las sensaciones y las emociones que me produjo la visión de aquella escultura.

Intuí que la vida sería como subir aquella escalinata: no sería fácil, incluso caería en no pocas ocasiones. Pero como aquella escultura, majestuosa representación de la mujer, tendría que levantarme una y otra vez. Me vi en ella, y vi a todas las mujeres del mundo. Se nos dijo que las mujeres no podíamos volar, pero ahí estaba ella, demostrando que sí, que las mujeres tenemos alas, y que podemos volar.

Supe que aquella visión me acompañaría el resto de mi vida y que toda mujer puede ser su propia victoria alada majestuosa al final de una escalinata, poderosa en su soledad, imponente en su sensualidad, victoriosa en su libertad.

DeChávarri, solidario

El principio de todo

«Sabía que tenía que darle más que un proyecto, más que un bolso hecho en papel, más que números y un listado d ideas»

En una conversación con la dueña y directora de la fábrica de nuestros bolsos, esta maravillosa mujer me dijo: “he llamado a tu colección la colección pandemia, pues ha nacido en plena pandemia del Covid-19”. Recuerdo un precioso viaje a Ubrique para conocer a esta mujer, la única persona que quiso recibirme con un proyecto pequeño en medio de un mundo de gigantes: el de la fabricación de bolsos de piel en España. Nada hacía presagiar que alguien quisiera recibir a una persona totalmente ajena al mundo de la moda y los complementos. Nadie, excepto ella, me abrió sus puertas. Cuando nos sentamos a hablar, me dijo: “hazme creer en tu proyecto”.

Inmediatamente supe el tipo de mujer que era: decidida y muy comprometida, de esas personas que le pone corazón a todos sus trabajos, alguien con la valentía de implicarse en un pequeño proyecto humilde en su concepción pero un proyecto con alma al fin y al cabo.

Sabía que tenía que darle más que un proyecto, más que un bolso hecho en papel, más que números y un listado de ideas. Sabía que tenía que conquistar su alma de mujer. Y no fue difícil, pues la conexión entre ambas fue casi inmediata: las dos sabemos lo que nos conmueve y por lo que merece la pena luchar.

Curra Chávarri de misión en Camerún junto a la asociación COEM

Si, yo le daría un sentido al proyecto y ella le pondría alma a los bolsos

Le hablé de un pequeño proyecto con el que contribuir con una increíble organización con la que viajo a Camerún a tratar de aportar algo en un mundo tan desigual, tan injusto, tan devastador con tantos inocentes. Le conté el proyecto, no sólo de contribuir económicamente, también con la idea inicial de, entre jornadas quirúrgicas, acudir a los mercados donde venden sus coloridas telas y traer algo de allí para tener presentes a sus gentes cuando volviéramos de regreso al primer mundo, fomentar aunque humildemente el mercado interno de allí y usar las telas como complementos de nuestros bolsos.

Como médico anestesista viví los peores momentos de la pandemia en primera línea. Hablando con esa mujer con la que meses antes habíamos compartido la idea de proyectos e ilusiones de un mundo mejor, nos encontrábamos de repente al teléfono contándonos; yo, los horrores de aquellos días en el hospital y ella, las inmensas dificultades que vivían en su fábrica. Nuestro proyecto quedó relegado en algún rincón recóndito de nuestras cabezas, y de la fábrica que luchaba por salir adelante en medio del caos. Sin embargo, no murió. Y se fue gestando en forma de ilusión: la ilusión de recuperar la salud del mundo y la esperanza en que al final, la vida prevalecería.

Foto por Curra Chávarri,
Camerún año 2018

DeChávarri colabora con la asociación Cirujanos ortopédicos de España para el Mundo

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